Tarde gris de Viernes Santo. El pueblo parece
muerto, todos sus moradores se encuentran en la iglesia participando de los
oficios religiosos. El sacristán, junto a la puerta y atento a las señales del
párraco, mira de de vez en cuando para ver si la procesión del Cristo
crucificado y yacente puede realizarse. Los negros nubarrones pasan y parecen
dar una tegua; por el horizonte, comienza a vislumbrarse un cielo más claro.
Acabados los ritos religiosos, los asistentes están deseosos de salir y de que
se realice la procesión por las calles del pueblo.
El
párroco hace un gesto con la cabeza al sacristán para que abra la puerta de las grandes ocasiones. Todo está
dispuesto. Los sacerdotes con casulla de ceremonial de luto, con el párroco
delante, y precedidos por tres monaguillos con hábitos negros, portando el Cristo
en el medio y flanqueado por sendos ciriales se dirigen a la salida. Detrás, la
chavalería camina entre empujones, codazos y pisotones. Cuatro porteadores llevan
en andas el Paso de San Juan al que sigue el grupo de hombres.
Mientras el párroco va distribuyendo en la
plaza los grupos según van saliendo de la iglesia, aparece el paso de la Virgen Dolorosa que entre sus
manos lleva un pañuelo negro. Siguen las mujeres, vestidas de color oscuro,
entre las que sobresalen las Hijas de María, de negro, tocadas con mantilla, y escapulario de la
Virgen sobre el pecho.
En la plaza, dispuestos en semicírculo, se
espera las salidas del Cristo crucificado. Los pasos de San Juan y la Dolorosa , colocados a
cada lado de la plaza se vuelven hacia la puerta esperando a Jesús en la cruz
que hace su aparición escoltado por un destacamento de militares vestidos de
gala, con fusil invertido al hombro. Por último y en medio de un silencio
pleno, sale de la iglesia y sobre los hombros de seis hombres el féretro de
cristal con la imagen de Cristo yacente. Cierra la comitiva una banda militar
de cornetas, trompetas y timbales.
La
procesión se pone en marcha. Tras los monaguillos, las niñas a la derecha y los
chicos a la inquierda. Y siguiendo el orden de salida del santo recinto, la
distribución de hombres y mujeres de derecha e izquierda, salvo el grupo de
Hijas de María que, con rostros compungidos, ocupan el ancho de la calzada, y
las autoridades locales, todos hombres, que esperan a colocarse al final de la
procesión. Los curas se distribuyen entre cada paso y con total descordinación cantan y rezan.
Hay momentos en los que parece que va a llover
y se acelera la marcha, para poco después remansar la caminata. Los críos,
sobre todo los chicos, se muestran bastante ajenos al significado del momento,
les interesa lo que van a hacer después de la procesión. Lo más seguro es ir al
encuentro de los chavales del pueblo vecino para entablar la pelea tradicional
de ese día y en el que alguno saldrá con
más de un moratón y lágrimas de dolor y rabia. Los hombres fumarán a
escondidas de los curas y las mujeres pensarán en mil y una cosas entre
cánticos y rezos. A pesar de todo, la procesión presenta recogimiento.
A la vuelta y antes de entrar en la iglesia, en
la plaza, la banda interpreta una marcha fúnebre. Ninguno sabe qué marcha es ni
su compositor. Pero eso no importa, es tan fuerte y tan desgarrador su lamento
que hace estremecer Todos la escuchan con
recogimiento y fervor. Sin embargo, esto no es más que el preludio del momento
más emocionante de la tarde religiosa con lo que se darán por finalizados los
actos religiosos El pueblo, vuelto hacia
el coro se dispone a escuchar el canto del “Ya murió, ya murió mi Redentor” La
potente voz del intérprete que lo hace sin acompañamiento musical, retumba
entre los muros de la iglesia de altos y fuertes muros imponiendo la congoja y desesperación por tan
trágico momento.
Una vez finalizado el acto, la gente sale
despacio aun sobrecogida y haciendo el
comentario de todos los años de lo bien que había cantado Poco a poco la
iglesia queda en silencio con las imágenes y altares tapados con paños morados,
en espera de ser quitados con la celebración de la Resurrección. La
tarde se mantiene gris con grandes
nubarrones.