viernes, 12 de abril de 2013

VIERNES SANTO




Tarde gris de Viernes Santo. El pueblo parece muerto, todos sus moradores se encuentran en la iglesia participando de los oficios religiosos. El sacristán, junto a la puerta y atento a las señales del párraco, mira de de vez en cuando para ver si la procesión del Cristo crucificado y yacente puede realizarse. Los negros nubarrones pasan y parecen dar una tegua; por el horizonte, comienza a vislumbrarse un cielo más claro. Acabados los ritos religiosos, los asistentes están deseosos de salir y de que se realice la procesión por las calles del pueblo.
 El párroco hace un gesto con la cabeza al sacristán para que abra la  puerta de las grandes ocasiones. Todo está dispuesto. Los sacerdotes con casulla de ceremonial de luto, con el párroco delante, y precedidos por tres monaguillos con hábitos negros, portando el Cristo en el medio y flanqueado por sendos ciriales se dirigen a la salida. Detrás, la chavalería camina entre empujones, codazos y pisotones. Cuatro porteadores llevan en andas el Paso de San Juan al que sigue el grupo de hombres.
Mientras el párroco va distribuyendo en la plaza los grupos según van saliendo de la iglesia, aparece el paso de la Virgen Dolorosa que entre sus manos lleva un pañuelo negro. Siguen las mujeres, vestidas de color oscuro, entre las que sobresalen las Hijas de María, de negro, tocadas con mantilla, y escapulario de la Virgen sobre el pecho.
En la plaza, dispuestos en semicírculo, se espera las salidas del Cristo crucificado. Los pasos de San Juan y la Dolorosa, colocados a cada lado de la plaza se vuelven hacia la puerta esperando a Jesús en la cruz que hace su aparición escoltado por un destacamento de militares vestidos de gala, con fusil invertido al hombro. Por último y en medio de un silencio pleno, sale de la iglesia y sobre los hombros de seis hombres el féretro de cristal con la imagen de Cristo yacente. Cierra la comitiva una banda militar de cornetas, trompetas y timbales.
 La procesión se pone en marcha. Tras los monaguillos, las niñas a la derecha y los chicos a la inquierda. Y siguiendo el orden de salida del santo recinto, la distribución de hombres y mujeres de derecha e izquierda, salvo el grupo de Hijas de María que, con rostros compungidos, ocupan el ancho de la calzada, y las autoridades locales, todos hombres, que esperan a colocarse al final de la procesión. Los curas se distribuyen entre cada paso y con total descordinación  cantan y rezan.
Hay momentos en los que parece que va a llover y se acelera la marcha, para poco después remansar la caminata. Los críos, sobre todo los chicos, se muestran bastante ajenos al significado del momento, les interesa lo que van a hacer después de la procesión. Lo más seguro es ir al encuentro de los chavales del pueblo vecino para entablar la pelea tradicional de ese día y en el que alguno saldrá con  más de un moratón y lágrimas de dolor y rabia. Los hombres fumarán a escondidas de los curas y las mujeres pensarán en mil y una cosas entre cánticos y rezos. A pesar de todo, la procesión presenta recogimiento.
A la vuelta y antes de entrar en la iglesia, en la plaza, la banda interpreta una marcha fúnebre. Ninguno sabe qué marcha es ni su compositor. Pero eso no importa, es tan fuerte y tan desgarrador su lamento que hace estremecer  Todos la escuchan con recogimiento y fervor. Sin embargo, esto no es más que el preludio del momento más emocionante de la tarde religiosa con lo que se darán por finalizados los actos religiosos  El pueblo, vuelto hacia el coro se dispone a escuchar el canto del “Ya murió, ya murió mi Redentor” La potente voz del intérprete que lo hace sin acompañamiento musical, retumba entre los muros de la iglesia de altos y fuertes muros  imponiendo la congoja y desesperación por tan trágico momento.
Una vez finalizado el acto, la gente sale despacio aun  sobrecogida y haciendo el comentario de todos los años de lo bien que había cantado Poco a poco la iglesia queda en silencio con las imágenes y altares tapados con paños morados, en espera de ser quitados con la celebración de la Resurrección. La tarde se mantiene gris con  grandes nubarrones. 

jueves, 5 de marzo de 2009

miércoles, 4 de marzo de 2009